PARAÍSOS URBANOS
Me entretengo pintando paisajes (Camille Corot)
martes, 9 de agosto de 2011
I, WHO HAVE NOTHING
Imágenes que alimentan mis recuerdos, sonidos que retuercen mis migrañas y las estrujan hasta hacerlas llorar. Caftanes, esquirlas, rizos y pasadizos, trompetas mexicanas y una pizca de somnolencia. Imágenes, sonidos, poemas.
miércoles, 3 de agosto de 2011
LA AUTÉNTICA REVOLUCIÓN
Ayer, reconozco, me pasé, pero bien, por los alrededores de Sol, y ni siquiera me atreví a preguntar qué estaba pasando en el epicentro. Descansé unos minutos bajo una sombre, me di una vuelta por la Fnac (compré varias cosas, es mi vicio supremo) y luego subí hacia Chueca. Para entonces, el ruido de Sol ya había salido de mis migrañas, pero me había llenado, una vez más la conciencia.
¿De verdad hacen falta más asentamientos? Si bien es cierto que el colectivo urbano se nutre de símbolos (me lo ha dicho hoy un amiguete), y se basa en estos para regocijo de su ego (o quizá su superyo), a mi parecer, ya no hay símbolos que valgan si estos no desembocan en resultados.
Más práctico que pragmático, mi cerebro disipa la idea de seguir aparentando, sentado en el asfalto. Hay que atacar, indignarse desde los hechos futuros, acudir a esas asambleas que se supone se han creado en cada barrio madrileño, crear asambleas en cada seccionado de cada municipio de cada comarca de cada provincia, y hacer germinar la semilla de revolución. De modo pacífico claro, con sus papeles por medio y con la Constitución Española por bandera, que para eso es lo único en lo que los españolitos nos hemos puesto de acuerdo en toda nuestra historia reciente.
¿De verdad hacen falta más asentamientos? Si bien es cierto que el colectivo urbano se nutre de símbolos (me lo ha dicho hoy un amiguete), y se basa en estos para regocijo de su ego (o quizá su superyo), a mi parecer, ya no hay símbolos que valgan si estos no desembocan en resultados.
Más práctico que pragmático, mi cerebro disipa la idea de seguir aparentando, sentado en el asfalto. Hay que atacar, indignarse desde los hechos futuros, acudir a esas asambleas que se supone se han creado en cada barrio madrileño, crear asambleas en cada seccionado de cada municipio de cada comarca de cada provincia, y hacer germinar la semilla de revolución. De modo pacífico claro, con sus papeles por medio y con la Constitución Española por bandera, que para eso es lo único en lo que los españolitos nos hemos puesto de acuerdo en toda nuestra historia reciente.
lunes, 1 de agosto de 2011
SER O NO SER (CAJERO), ESA ES LA CUESTIÓN
En estos días en los que nos asedian, a los que queremos seguir en activo en el mundo que nos rodea, con información acerca de los resultados de los test de estrés (menudo estrés tendrán los banqueros! digo yo), sobre los 2 euros de comisión que los bankeros pasarán a cobrar mensualemente a sus clientes si no mantienen un capital disponible de al menos 2000 euros al mes, y sobre la gran estafa del presunto agresor sexual que se nos ha colado en el FMI,... en estos días, repito, yo me empeño en cambiar de caja.
Bankero? Bankajero? Camkajero? Iberkajero?... y por qué todo con K??? pues porque me temo que cualquiera de estos en los que me meta me colarán las comisiones que les vengan en gana si intento darles un voto de confianza. ¿Qué puedo hacer? Ya mi abuela me lo decía, que no hay mejor dinero, ninguno que huela mejor y que sepa mejor, que aquel que uno mismo se custodia bajo el colchón. Volveremos a la antigua usanza?
Recuerdo algo que leí hace tiempo, en alguna página pseudoeconómica, de estas de divulgación: LOS BANCOS SE CREARON ANTES QUE EL DINERO. Toma Jeroma! y yo que pensaba que esto era como la historia del huevo y la gallina, donde los huevos no eran de oro y la gallina tampoco era la más ponedora sino la más cotorra del corral. "Los primeros bancos operaron en la antigua Mesopotamia, donde los palacios reales y templos ofrecían lugares seguros para guardar granos y otras mercancías". Para los que no lo sepan, la única civilización que no funcionaba con dinero era la inca, lo que hoy es Perú. Interesante verdad?, quizá habría que recordarle esto a Humala.
Bankero? Bankajero? Camkajero? Iberkajero?... y por qué todo con K??? pues porque me temo que cualquiera de estos en los que me meta me colarán las comisiones que les vengan en gana si intento darles un voto de confianza. ¿Qué puedo hacer? Ya mi abuela me lo decía, que no hay mejor dinero, ninguno que huela mejor y que sepa mejor, que aquel que uno mismo se custodia bajo el colchón. Volveremos a la antigua usanza?
Recuerdo algo que leí hace tiempo, en alguna página pseudoeconómica, de estas de divulgación: LOS BANCOS SE CREARON ANTES QUE EL DINERO. Toma Jeroma! y yo que pensaba que esto era como la historia del huevo y la gallina, donde los huevos no eran de oro y la gallina tampoco era la más ponedora sino la más cotorra del corral. "Los primeros bancos operaron en la antigua Mesopotamia, donde los palacios reales y templos ofrecían lugares seguros para guardar granos y otras mercancías". Para los que no lo sepan, la única civilización que no funcionaba con dinero era la inca, lo que hoy es Perú. Interesante verdad?, quizá habría que recordarle esto a Humala.
viernes, 29 de julio de 2011
BIENVENIDOS AL MUNDO REAL
Ni todo el arte que emana de un sentimiento profundo puede comparar su travesía a través del placer con la que se pueda sentir a través de la escritura. Como vía de escape atrapa mis sentidos hacia universos infinitos, hasta llegar a la matriz de mi escondite, donde nadie puede escucharme, donde, es más, nadie si quiera lo intenta. Esto me llena de gozo, y alumbra mi camino hacia el silencio.
Hay veces que, en esta ciudad que a mí me huele a asfalto quemado en verano y a churros con chocolate en invierno, se respira un aire de asfixia moribundo. Y mira que trato escapar, y no puedo, pero al menos lo intento. Sólo queda una escapatoria: escribir, allí donde sólo el azar hará que alguien me lea un cuento.
Hay veces que, en esta ciudad que me ofrece miles de paraísos urbanos en cada esquina recóndita y luego me los arrebata recordándome lo dichosos, e inalcanzables, que son y serán siempre los sueños, yo, aturdido, doy tumbos de un lado a otro, buscando esa esquina donde quedarme tranquilamente dormido.
Hay veces que, cuando la consciencia me aparece, y huyo de mis sentimientos, una voz se oculta debajo de mis pensamientos, cual piel de cordero. Y me cuenta, en voz baja, casi en silencio, que esta no es la vida que yo realmente quiero. Y me lamento, e intento hacerle caso aunque, sin remedio, esos paraísos urbanos, me recuerdan una y otra vez que no puedo, que me alineo a ellos. Y esto es sinceramente lo que no quiero.
Hay veces que, en esta ciudad que a mí me huele a asfalto quemado en verano y a churros con chocolate en invierno, se respira un aire de asfixia moribundo. Y mira que trato escapar, y no puedo, pero al menos lo intento. Sólo queda una escapatoria: escribir, allí donde sólo el azar hará que alguien me lea un cuento.
Hay veces que, en esta ciudad que me ofrece miles de paraísos urbanos en cada esquina recóndita y luego me los arrebata recordándome lo dichosos, e inalcanzables, que son y serán siempre los sueños, yo, aturdido, doy tumbos de un lado a otro, buscando esa esquina donde quedarme tranquilamente dormido.
Hay veces que, cuando la consciencia me aparece, y huyo de mis sentimientos, una voz se oculta debajo de mis pensamientos, cual piel de cordero. Y me cuenta, en voz baja, casi en silencio, que esta no es la vida que yo realmente quiero. Y me lamento, e intento hacerle caso aunque, sin remedio, esos paraísos urbanos, me recuerdan una y otra vez que no puedo, que me alineo a ellos. Y esto es sinceramente lo que no quiero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)